Canto angustioso

Todo se fue... tragado fue por el olvido,
como el tiempo perdido en lejanías,
como luz intocable y las manos vacías.

En tardes como esta te esperaba
para darnos los dos los mismos besos
susurros de ansiedad con tu sonrisa.

Ya no es igual el canto que me llevo
te perdiste en lujurias detrás de los espejos
triste de ti, tristeza mía,
tristes los dos como un reflejo.

Me llegas en la brisa en tardes de abandono,
siento que me eriza un nudo en la garganta

de saber que no estás como otras veces.

De saber que me voy y no tenerte
de sentirme tan solo como flor escondida
en un desierto.

Sobre mi alma siento un frío de nieve
que congela tu amor que muerto dices,
que no queda nada, que se borraron de ti las cicatrices.

Te amé, no estás, y sin embargo, quizás te ame todavía,
en esta soledad de tu abandono, mi cuerpo clama una esperanza,
buscando en el fondo interminable lo que fuimos.

Hoy mis palabras son un canto
un evocar allí junto a mi lecho
donde tu amor fue entrega entre mis brazos.

Ya la magia del mundo me ha dejado,
Ya no hay lunas con luz en los jardines,
Solo queda el cristal de un sol agónico
con tus manos distantes cada día.

Hoy vago en el aire dibujando tu ausencia
y diviso tu nombre en lugares dispersos,
y en papeles con sangre donde escribí tus versos.

Diviso tu nombre en las selvas dormidas,
en las fuentes de ríos y neblinas brumosas,
y en los cantos de pájaros posando en las copas.

Y diviso tu nombre más allá de las noches
con estrellas cayendo en montañas lejanas,
y en la plaza y el puente... y las playas cercanas.

No sé como borrarte después de tu abandono.
no sé como olvidarme del fuego de tu boca
del hambre de tus palabras, de la sed que me provocas.

Aquí estoy con tu recuerdo
mirando el mar en tu abandono
con mi grito ensordecido en las pasiones
que amándonos calmabas... Esas noches de amor que eran un canto
mirando las estrellas desde la ventana.

Vengo de mirar los pasos dados
y con ellos la gloria de mis sueños
no quiero ver morir a los crepúsculos
con la luna brillando en el ocaso,

pues todos sus colores me recuerdan
el gran anhelo… de estar entre tus brazos.

Quizá deba aprender cómo olvidarte,
Pero al mirar las rosas y la luna mi alma se desgarra
al recordarte.

No hay comentarios: