¡Ho Navidad de esperanza ¡De tristeza y alegría!

Tras el recuerdo de la infancia que viene de un pesebre,
la navidad queda en el alma plasmando en esa estancia
el paisaje de amor y de esperanza.

En una redención que es esperada,
el mundo gira su ilusión de primavera,
unos tristes, otros cantan
y otros lloran de amor en la quimera.

Esa que llega en el viento
con cantar de alegres melodías,
esa que enciende las pasiones
meciendo su aroma en los balcones
y dejando su estela en nuestras vidas.

Esa navidad sonriente de la tierra mía,
la que llega cantando el valse, el joropo y el pasaje,
la gaita y galerón y una música muy suave.

Esa del cántico y zambombos,
de aguinaldos, pesebres y pendones
de hallacas y turrones

¡Ho! navidad campestre de matojos llena
donde anida la flor del campo mío
donde juega la brisa que se aleja
y el aroma de flor sobre las tejas.

Esa navidad de sueños rotos
donde los huérfanos contemplan
la impavidez habida en otros.
Esa de niños harapientos
que sueñan con el viento
mirando los cristales con zapatos rotos.

De esos niños profundos, pensantes, taciturnos,
los que abren sus manos al viento
para volar senderos,
como así vuelan cometas, en los desfiladeros.

De aquellos que bailan trompos en el patio;
y los que sueñan con zapatos.
Los que en ranchos grises de madera
adormecen mil sueños en la espera.

¡OH! navidad de incienso y de oraciones
de clamor por la paz en este mundo
la que trae el mensaje más profundo
por injusto fragor de batallones
avivando el dolor en un segundo.

¡OH! navidad de paz deseada
como magos llevando sus regalos
llevando juntos el clamor unísono
de parabienes sin desmayos.

Esa de azules esperanzas que une en el abrigo,
en la ternura, en el amor y en el suspiro
en las ansias benditas del encuentro
y...el ay amor cuando te miro.

Esa del brindis en la mesa
departiendo los ecos de las risas
esa del ruido y chascarrillos, de luces, de fuego
y artificios
ajenos de un mundo sin sonrisas
con la sola esperanza en la promesa.

¡OH! navidad de los recuerdos tristes
donde se vierte la lágrima infinita,
la que duele, la que espina
y hace que el alma se marchite.

Esa que nos trae el recuerdo de lo ido.
De la madre muerta del dolor sufrido.

Aquella que de niño me cargo en sus brazos
sufriendo en carne viva mis tropiezos
la que me brindó sus besos,
sus caricias, sus abrazos.

En ella que fue mi amor y mi querella
mi angustia, mi alegría,
la que con su aroma me impregnó la vida
dándome aromas para que sonriera
y yo dando espinas para que sufriera.

En ella pienso hoy, sin ser olvido
a mi mente y corazón,
en ella pienso hoy como un suspiro,
como el ave que en un corto vuelo
hecho pedazos... nos dejó su nido.

¡OH Navidad de tristeza de esperanza y alegría!

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