Mi propio desierto

Aquí estoy arrancado de mi mundo
y sumido en el hábito de espera con la piel manchada en la que vivo.
Tendría que desollarme y tanto duele arrancar mi paréntesis de amor
que en mi eterno siempre quema.

Quema mi piel y en esa hoguera,
transito hacia la nada donde el frío cubre los bordes de la espera.
Contemplo mi paisaje, mi mismidad, que es un desierto infinito en el que vivo,
en el que escribo mis letras de amor desvanecidas esperando en una tarde su regreso.

Ese es mi horizonte plagado de sonrisas, de manos enlazadas, de cantos y caricias.
Y no este lodo que sepulta y no me deja caminar
hacia el fino borde del horizonte que mis ojos anhelan.

Es la esclavitud de mi esperanza, donde siempre escucho el eco de lo posible,
donde puedo soportar la lucha contra una verdad insinuante
en el camino de la nada.

Aquí estoy con mi fiebre de pasión enardecida
que me hace gritar la vergüenza de no querer olvidarla.
Ignorando sus males en mi herida, solo en soledad que muero,
sufriendo porque le amo y amando su impiedad la espero.

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